jueves, 17 de febrero de 2011

¡Un, dos, tres, escondite inglés!


Reconozco que en alguna ocasión he plegado el tiempo,
cogiendo con la presión justa las esquinas,
sacudiendo y buscando el doblez perfecto
para que se me hiciera más corto y llevadero algún momento.

Reconocería (me sonrío) haberlo hecho durante años
si sintiera el foco luminoso en mi entrecejo.

Y sin embargo…
Qué curioso es ver cómo cambia el cuento en un instante.

¡Un, dos, tres, escondite inglés!

Con unos pocos pasos de diferencia,
entre mirar y mirar hay un abismo.
No se me parece en nada el panorama.

Esta vez el tiempo se plegó solo, hasta tal punto
que he de forzar la vista incrédula
como Santo Tomás tocando llaga,
para ver que esa fui yo,
la que dijo, la que hizo, la que dejó buena cuenta de aquello.
“Disculpe, ¿le importaría rebobinar y dar “replay”?
Agradecida”.

Me miro (si es que soy o fui yo aquella) con nerviosismo excitante,
reproduciendo una y otra vez una cinta en la que salgo de prota.
Estudio los detalles (cual estudiante en pleno examen, sólo que muerta de risa)
con el ansia de encontrar la prueba del delito:
falsificación flagrante inconsentida.
No es posible… ¿cómo pude?

“Pause”. Voy a por pipas. Llamo a Selena: “¿Te puedes creer que…?”
Vaya, parece que todos han visto la peli menos yo.
Le doy de nuevo al play, y a carcajada limpia le hablo a mi gata:
"¿Qué te parece cómo salgo de ésta?”
“Mira, mira, ahora es cuando suelto lo de…”

¡Dios mío, esto es la bomba!

Veo a un clon de mí al que no reconozco, viviendo cosas que no recuerdo, con una intensidad de dolor y euforia que ahora percibo como someras, superficiales.
Me divierte. Como en un juego de mesa con piezas parlantes animadas en las que todas creen que ganan hasta que cierro la tapa de cartón. Ya me aburrieron.

Lo que ya viví se me ha olvidado; lo que merece la pena lo sigo viviendo.
Miro hacia atrás y me río (lo que tuve que perdonarme lo hice hace mucho);
miro adelante y me estremezco curiosa, como una niña empollona en cole nuevo.

Esto es la vida: moverse.

Que el tiempo se pliega solo, sin darnos cuenta.
No es que se cierre una puerta;
es que si miras hacia atrás puedes ver
cómo se repliegan hacia ti los baldosines,
unos con otros sobre sus juntas,
acercándose a tus talones a ritmo vertiginoso,
cambiando el paisaje del ayer, que ahora se encoge.

Desafortunado el que se pare.

Me parece fabuloso que el mundo (o mi cabeza) se reinvente de esta forma.
Es apasionante, estimulante, emocionante romper las dimensiones,
hacer del tiempo chicle y sobre todo,
no saber cómo veremos mañana el día de hoy, ni pasado el de mañana.

Es la aventura perfecta, o a mí así me lo parece.

¿Aún te queda alguna duda? Déjame que te sorprenda.

Coge aire y prepárate para no ver lo que te esperas.

¡Un, dos, tres, escondite inglés!

Abre los ojos…


domingo, 13 de febrero de 2011

"En el fondo de los mares" de Gastelo. Feliz San Valentín a tod@s!!!


Un añito más... es San Valentín, y yo no pienso escribir nada bonito, ni triste, porque no pienso escribir nada sobre el "amor" que nos venden en este día. Me explico:

De mis (pocos) años de San Valentín sin pareja, éste es el mejor con diferencia. No siento que me falte nada ni nadie, no echo nada de menos (aunque no lo tenga todo) y me siento feliz y completa.

No creo en los amores de San Valentín (a la imagen me remito...). Creo en el amor de verdad, en general. El que tenemos que aprender a dar y recibir. El que debemos cuidar y hacer crecer. El que nos une a nuestros amigos, familia y pareja también, que haberlo haylo.

ESO es sagrado.

Cada día hay mil motivos y millones de oportunidades para COMPARTIR amor, y si no estuviéramos más preocupados por invertir nuestro tiempo en cosas que no nos hacen felices de verdad, nos daríamos cuenta. El planeta entero se daría cuenta de que algo pasa.

He de decir (y lo digo intranquila por si no me explico bien) que no creo en el amor de mi vida. Creo en los amores de mi vida. Algunos duran días, otros meses y otros años. Y si duran toda una vida afortunado al que le toque, siempre que sea sin esfuerzo, sin sacrificio, ni a costa de...

Creo en los amores que llenan, no importa por cuánto tiempo, y el AMOR que queda siempre, que son las ganas de cuidarse mutuamente (aunque se hayan separado los caminos) y correr a echar un cable tras escuchar un silbido. Creo en los amores que arropan y que calman; en los que se interpretan cada gesto sin hablar y siempre se sonríen.

Así que este San Valentín, con vuestro permiso, me lo voy a dedicar a mí misma, por hacer tan bien mis deberes y haber aprendido a quererme tanto y tan bien.

Peeeeerooooo.......... como por filosofía personal pienso que hay que dejar siempre espacio a la improvisación, dejarnos sorprender y aprovechar un azar tonto para convertirlo en suerte... que no se diga que pierdo la esperanza.

Ahí va una preciosa canción de la Gastelo ("dicen que anda por ahí, que aparece en cualquier parte..."). Ésta va para todos vosotros, por estar ahí.

Feliz día!


"En el fondo de los mares" de GASTELO en YouTube

jueves, 10 de febrero de 2011

Acércate despacito


Acércate despacito,
que te digo al oidito lo que necesito.

Que se me ensanchan las estrecheces si me hablas, así, bajito,
y me crecen los latidos si miras tan fijamente mis labios carnositos,
entreabiertos, esperando que les des un mordisquito,
que te bebas lo que el tiempo te deje, de a sorbitos.

Acércate, despacito…

Que te digo al oidito lo que necesito…



domingo, 6 de febrero de 2011

Yo cazo mariposas


Yo cazo mariposas…
Mariposas libres, coloridas, y al rato las libero.

Salto entre carcajadas, divertida, red en mano, golpeando el aire a brazadas largas…. ¡casi!

Las sorprendo sigilosa a la vuelta de la esquina. Las persigo, entre los charcos o las nubes, de piedra en piedra, hasta que quedo exhausta, y apoyando las manos en las rodillas cojo aire, siempre con una sonrisa juguetona.

Juego a cazar mariposas, y algunas veces… las cazo.

Adoro sentir que por un momento, aunque se sepan presas, es su voluntad quedarse aquí conmigo. Es entonces cuando nos miramos a los ojos y reímos sin complejos. Luego soplo con cuidado y algo de pena, y en un suspiro cansado hago que vuelen de nuevo.

Yo cazo mariposas y me entretengo, llenando el tiempo de aventuras, de sudores y de risas.

Nadie dijo que sólo hubiera una manera de esperar.