jueves, 28 de agosto de 2014

Llegados a esta coma


Yo que te inventé diana y te acerté,
que te escribí versos de todos los colores,
que te acaricié la vida
y te saqué cosquillas donde duele;

Yo que te acerqué la luna
y te alejé las penas,
que te regalé todos y cada uno de mis defectos
y te prometí buscarme las virtudes;

Yo que te quise en todos los idiomas,
que te desprecinté los miedos
y te desgarré la ropa,
que te desvelé mis contraseñas
y te di unas llaves;

Yo que adiviné tus pistas
y te descubrí el camino,
que te descosí las ganas
y te acuné en silencio,
que desempolvé tu risa
y te pinté de espadas
y de azul.

Yo,

llegados a esta coma ya no recuerdo
a quién de tantos le estaba escribiendo
este poema.


martes, 26 de agosto de 2014

Gracias!



Gracias por vuestra generosidad, por dejarnos disfrutar esa noche tan bonita con vosotros
y por hacer que os disfrutáramos tanto.
 
Sois muy grandes, Rozalén, Ismael Guijarro, Beatriz Romero y Samuel Vidal.
Admiración absoluta.
 
Y gracias al impresionante Ángel Robledillo, a la ADC Milcampos, a Gus Alves por la foto 
y al público tan maravilloso que consiguió que no olvidemos nunca ese ratito.
 
En breve vídeos de nuestro granito de arena.
 
Abrazos
 
 

viernes, 22 de agosto de 2014

El sábado 23 teloneamos a Rozalén!!

Milagros de la vida...

Mañana sábado 23, Rozalén con Ismael Guijarro a la guitarra, tocará en Milagros (Burgos), y para allá que vamos Ángel Robledillo y servidora a  telonear a esta "artistaza de los sentidos" con unos minutitos de reci-conci para entrar en calor.

Gracias a la Asociación Cultural Milcampos por hacerlo posible.

Nos vemos allí!!! (con una rebequita..)

 
 


miércoles, 20 de agosto de 2014

Te enseño sólo mis piernas escalera


Te enseño sólo mis piernas escalera
para que pienses que es fácil llegarme,
y mis lunares,
para que te parezca sencillo el camino.

Pero escondo
bidones de gasolina en los armarios,
gusanos retorciéndose en mis tripas,
improperios debajo de mi falda,
maldiciones detrás de mi sonrisa.

Practico el hábito insaciable
de destrozarlo todo,
(a veces, hasta lo que más me importa)
y de sentarme a mirar cómo me quitan
lo poco que aún me queda, sin correr.

No cuento de mis manías,
de mi gustosa -por descarte- soledad,
ni aviso de lo difícil
que te resultará hacerme feliz más de unos días;
no  presumo de saberte 
las horas contadas. Callo
que la luna en mi cuerpo no para de menguar.

No te advierto que puedo ser letal.

Sólo te enseño mis piernas escalera,
y así, a primera vista,
no te parecen tan inalcanzables
mis peldaños.

domingo, 17 de agosto de 2014

¡A las almas!


¡A las armas!
¡A las almas!
¡A los fondos de todas las formas!
¡A la barricada en cada verso!
¡Al centro mismo de todos los miedos!
¡A la verdad que espera ser escuchada!
¡A lo desnudo hasta lo transparente!
¡Al infinito instante del ahora!
¡A lo que importa!
¡A lo que somos!
 
Y si no, poetas,
y si  no…
 
Si no, al silencio.
 

lunes, 21 de julio de 2014

Te cuenten lo que te cuenten


Te cuenten lo que te cuenten,
no te quiero por descarte.
Lo que quiero es no contar detrás de ti
más que contigo
gaviotas o cigüeñas,
granos de maíz, minutos
que falten hasta que vuelvas,
versos desafinados,
letras con sierra,
cosas
que sigamos llamando “no sé qué”.

Contar contigo las eses y las zetas,
las copas que llevamos y el dinero que no,
las veces que nos colamos en las fiestas,
las lunas de cartón,
las olas.

Que no quiero contar detrás de ti, 
más que contigo
los techos estrellados de los ascensores,
sábanas que frotar,
pelos de punta,
los dientes que deja al aire la risa,
las trampas que dejamos de ponernos,
los que se alegrarán
y los que no.

Si tengo que descartar descarto
contar detrás de  ti
si no es contigo
el cuento en el que tú acabas conmigo
y nos contamos las canas
y victoria.


sábado, 12 de julio de 2014

En parte y en absoluto

Os comprendo en parte y en absoluto
cuando la odiáis así.
Yo también intento odiarla
(prescripción facultativa)
al menos tres veces al día,
antes del desayuno, comida y cena,
y algunos días casi lo consigo.
Es imposible no querer odiarla
cuando aparece,
con su foco portátil,
con esa imperfección tan perniciosa
que a partes iguales la quieres y la matarías;
con su sonrisa de viento de huracán
que te despeina
o te despeña,
o  lo que se le antoje.
Os comprendo cuando la vestís de trajes verdes
para daros después cuenta
de que no hay color que no le quede bien a la maldita;
cuando reprimís las ganas de aplaudirle
y le giráis la cara.
No es fácil sostenerle la mirada.
Ya lo sé.
Comprendo  que queráis odiarla y que la odiéis
si os mira y os sonríe,
y mucho más aún cuando no os mira,
ni os sonríe,
y por encima de todo,  si no os quiere.
Os comprendo en parte y en absoluto
cuando la odiáis así.

Yo, algunos días, casi lo consigo.