sábado, 30 de julio de 2011

No quiero olvidar. Por eso escribo.


No quiero olvidar. Por eso escribo, desde hace tanto: para retener las sensaciones y que no se escapen los escalofríos.

Quizá algún día no recuerde ni mi nombre y no me reconozca en los espejos; me falten las palabras y también el tacto que habré robado, atesorado con el tiempo.

Quizá al leerme envidie la vida de aquella que escribía, si me leo como el que lee a una extraña, y por eso no quiero dejar que pase un día sin escribir sobre ese ayer que ya ha corrido y se ha esfumado, como todos los “ayeres”, pero distinto.

Quiero dejarme aquí las risas, los gemidos aún calientes, las miradas que al devolver reflejos intimidan, asustan y estremecen; quiero ponerle las letras a las preguntas, los abrazos, a tu mano cogiéndome del brazo cuando me preparaba para huir; guardar bajo candado tu respiración sobre mi nuca, tu cuerpo entero buscándome, ya dormido, (prefiero no preguntarme si sabías que era yo…), tus besos en silencio, tus dedos reptando por mi boca y tirándome del pelo; quiero pintar la luz de los balcones diciéndonos “es real, o al menos lo parece, justo ahora”, tu cuadro en la pared, que es otro “tú”, observando, las almohadas revueltas, tu espalda y mis caricias, mi espalda con tu pecho, el suelo mojado (como siempre) y tú entregado sin brechas (como pocas veces).

No quiero olvidar. Por eso quiero dejar constancia de esta noche, porque es de ésas que me hacen sentir afortunada, y sé que llegará el día en que necesite recordarlo.



jueves, 28 de julio de 2011

La red


Como el invidente cree que el blanco es blanco, creyó aquella Penélope avistar en aquel barco a su Ulises a tal distancia que nadie habría podido distinguir entre una figura humana y un atún recién pescado.

Con prisa en corazón y manos, comenzó a zurcir entonces una tela de araña para atraparle, sin saber que él era inmune a pegamentos.

Al llegar, tras una espera que a ella le supo a siglos y a tarta de chocolate, él sonrió, y sujetó con sus manos aquella red, sin dificultad aparente, ante la sorpresa de una Penélope atónita, inocente.

Aquel Ulises asía la red con fuerza y la estiró paciente, con la serenidad del que bien sabe lo que hace, hasta que de aquella malla, otrora impenetrable, comenzaron a surgir agujeros por doquier. Al principio suficientemente grandes como para no retener un buen puñado de garbanzos para el cocido. Al final tan inmensos e insondables que se precipitaban por ellos su ilusión de mujer hecha zozobra y tras ella sus suspiros afectados de tortícolis aguda, de tanto mirar atrás, a no hace tanto…

A aquella mujer con chispas en los ojos, cuando aún no se sentía torpe al mirar los suyos. A aquel hombre, dejándose llevar, sin miedo todavía, soplando la llama de cuando en cuando para que no se apagara del todo tan temprano.

Él siguió tirando de su red, pausado pero consciente, mirándola fijamente, acogiendo el hilo entre sus brazos en un vals acompasado, como había visto hacer a su abuela para deshacer ovillos cuando le hacía vestidos, siendo niña.

Atraía aquel hilo hacia sí mismo sin respiro, ahorrándole a ella la mitad de su papel de Penélope en la historia.

Saltaban los puntos, dando saltos como felices de escaparse, pero manteniendo los dobleces que no disimulaban de qué habían formado parte.

Trazaban líneas horizontales, de izquierda a derecha y al revés, en una frenética carrera, a ritmo de vals, que la dejaba desarmada y confundida.

Quiso pensar que quien tiraba de aquel hilo era la ilusión de su hombre pensando que al final de aquel cordón la encontraría.

Cuando el último punto saltó a la nada, indefenso, comprendió que él nunca supo explicarle que no era aquél el Ulises que esperaba, más que tirando de aquel hilo hasta dejarla desnuda y sin razones.

Temblando de frío, con el cuello aún dolorido, se estremeció mientras sus pies se enredaban en su propia maraña, en la que se quedó atrapada para siempre, bailando sola el vals más triste que jamás escucharía.

Un, dos, tres... un, dos, tres... un, dos, tres...



lunes, 18 de julio de 2011

Vuelta y media


Le das una vuelta y media a la manzana
que es mi cuerpo.

Tú delante de mí, siempre, adelantado.
Por eso yo puedo verte (y hasta amarte) y tú a mí no.

Camino más lentamente, desacelero mi paso,
(no sin esfuerzo),
hasta que me sorprendes por la espalda y me acaricias,
retirando mi pelo con ternura.

Ahí quiero parar el tiempo y olvidar
que tenerte donde estás
no significa otra cosa
más que llevas otra vuelta de ventaja.



sábado, 16 de julio de 2011

Carta de una piedra en el canal de Jirones de YouTube


¡¡Estrenamos Canal de YouTube!!

JironesPoesia


Pincha en el icono en el lateral izquierdo para seguir nuestros vídeos.

Y para estrenarlo, os dejo "Carta de una piedra", una de las piezas que recité en el Orange Café en el cumpleaños de mi querida Helenita. Espero que os guste... :)


"Carta de una piedra" en el Orange Café"




jueves, 14 de julio de 2011

Todo lo que estuve a punto de decirte


Todo lo que estuve a punto de decirte
lo dibujé con mis yemas en tu piel mientras dormías.

Me declaré presa consentida
del sinsentido de tu ausencia aquí, en mi pecho.

Todo lo que me callé, lo que no dije
por si no acertaba y no me comprendías...

Todo lo que estuve a punto de contarte
no supe resumirlo, ni pintarlo,
ni convertirlo en canción de estribillo con rima sin maneras.

Lo que nunca te enseñé no lo hallarás en fotos ni en biografías.

Intenté escribir el prólogo en tu espalda,
pero ya estabas dormido y era tarde.

Volví a pecar de presumir que entenderías
todo lo que estuve a punto de decirte,
y es que en vez de presentarme... sonreí.



martes, 12 de julio de 2011

La bala de repuesto


Eres la bala de repuesto que guardo en mi recámara
(la de la reina sin reino ni trono que la mantenga quieta, tranquila).

Eres mi juego favorito de rol de mesa (de silla, de cama, de pared...)

Una sonrisa desafiante que descansa escondida
en la esquina del cajón de mi mesilla de noche,
y pasa la mayor parte del tiempo en vela, vigilante
(y la otra parte con tapones para oídos, por decoro).

Eres la mancha en el espejo desde donde me miras callado, tan seguro...

Un estribillo de los que ya no me mandas, aunque te acuerdes
(que te acuerdas, no lo dudo).

Eres el premio de consolación debajo de la tapa del yogur que me conforta
cuando otra historia se acaba, y ahí estás, perenne tú,
cayéndosete las hojas con el pasar de los días
(y los meses, y los años) que no vuelven.
Tú a lo tuyo y yo a lo mío, que nuestro nunca hubo gran cosa.

Y es que a veces extraño (masoquista) la vajilla volando sobre nuestras cabezas,
esa manera de romper papeles como si alguna vez hubieran servido para algo.

Me coloco los guantes, de vez en cuando, con ganas de retarte a un nuevo asalto
y dejar de ganes, para no perderte (demasiado pronto, al menos).

Hoy he cogido una sartén y me dan ganas de llamarte:

“Oye, ¿qué haces esta tarde? Me apetece pelearte. ¿Nos batimos?”




sábado, 9 de julio de 2011

Tahúres


El amor "sexagonal" está plagado de trampas.

Trampas, tramposos, tahúres, faroleros.
Jugadores amateurs de patata caliente creyendo que nunca explota.
Cruces de dedos, guiños, una carta que asoma por debajo de la manga.
Un órdago mal jugado, una firma falsa.

Un contrato invalidado por defectos de forma.
Un disfraz de reina de corazones.
Reglas escritas a boli con tachones.
Un comodín de más en la baraja.

Una caricia rota, anónima, (de serie),
un abrazo durmiendo que se da más por instinto que otra cosa.

Un teléfono que espera y se descarga.
Un día que pasa, y después otro (noche en medio).
Palabras mal escogidas, peor ordenadas (del otro, siempre...)

Un cockail molotov, mezcla de ganas y algo de ternura.
Una competición vendida, que no comprada…
Un Martini batido, no revuelto, con aceituna sin hueso (con el corazón vacío)
que al tercer sorbo hace perder el interés de rasgar ropas.

Cuando se roza un orgullo, nunca se gana,
y es sólo cuestión de tiempo que suceda
(lección número 2 del manual "principiantes"
que aprendí hace tanto tiempo que siempre olvido,
aunque siempre encuentro quién me la recuerde).

[La primera es que hay verdades que escuecen más que mil mentiras,
porque no dejan lugar a los reproches.]


Que me gusta a mí jugar a lo imposible…

Y es que yo perdiendo soy de las mejores.


martes, 5 de julio de 2011

Nos confundimos


Para lo que tú me quieres,
no te hago falta yo.
Nos confundimos.

Yo a ti con un reloj parado
y tú a mí con un recreo sin timbre.

Me confundí yo, y de qué manera,
creyendo ver lazos y papel celofán rodeando tus brazos
mientras me acariciaban las piernas,
o escuchando mi vello estremecerse
de una manera inusual,
distinta.

Nos confundimos.

Sobre todo yo, que quise ver
una mirada cómplice en lo que sólo era
una sonrisa gamberra (también genial),
y en un par de “nos”, otra cosa bien distinta
al “tú” y “yo” que nos define o definía.

Me confundí yo, (de qué manera),
y tú no menos, te confundiste conmigo
y te confundes.
(Aun leyendo esto es fácil
que lo yerres).
Y aun así, te debo un “gracias”.

Pero la culpa es mía,
como la última palabra.

Para lo que tú me quieres,
yo… no te hago falta.