martes, 1 de mayo de 2012

Un billón


Uno, dos, tres, cuatro…
y hasta cien.

Después mil,
luego un millón.
Y hasta un millón de millones
(un billón).


Antes me duermo contando
que recordar que te quiero
aquí,
conmigo.

La niña triste


Mírala cómo sonríe
la niña triste.

Cómo ríe y carcajea
para que la escuchen todos,
para escucharse
y acallar el eco muerto 
con el que se comunican
su corazón y su vientre.


Mira,
mira cómo ríe,
y baila,
y salta,
y representa,
convincente como ninguna,
niña triste de un país extraño
con lengua propia
(y tan propia…).

No esperes que se derrumbe.
No lo hará,
porque ella también sonríe para ti,
para que tú sonrías,
y bailes
y escuches ruido.

La niña triste,
la sola,
la de nadie
o sabe Dios...

Peonza loca,
ríe y ríe,
y se voltea
la niña triste
que se defiende con risas
del mortal silencio
en el que habita.

lunes, 30 de abril de 2012

Bombones

¡Nuevo jirón a la carta!
Dedicado con todo mi cariño y agradecimiento a Carlota y a los alumnos de 4ºA y 4ºC de la Eso del I.E.S. Juan de Padilla en Illescas, por hacerme disfrutar tanto en su compañía.
¡La poesía está en vosotros!
:)



Una caja llenita de bombones.
Bombones frescos,
recién salidos de la fábrica de sueños
(de chocolate)
que empiezan a asomarse
y ven la luz,
las luces,
por vez primera.

Un montón de bombones en su punto,
antes poco hechos que pasados,
tiernos, tiernos.

Bombones con envoltura,
por vergüenza,
porque les cuesta desnudarse
igual que a Eva,
ahora que están aprendiendo
que hay pecados,
que también existe el mal
y que están solos.

Un puñado de ávidos bombones,
con ojos curiosos
y ganas de aprender
(no siempre lo que los demás quieren que aprendan)
y explorar
y descubrir.

Con un poco de miedo,
pero con ganas.
Entendiendo
que ya han de arroparse solos por las noches,
y que se han de inventar ya sus propias nanas.

Un cajita llena
(llenita)
de bombones
de todos los colores.

Cada uno diferente,
con sus nombre y apellidos,
y su sabor distinto
y sus sentires.

Una cajita entera de bombones
que para mí fueron los primeros,
y cuyos envoltorios guardaré
ya sabéis dónde…

domingo, 29 de abril de 2012

Muerto


Más de una vez he pensado
cómo te sentirías
si  te cuentan algún día
que me he muerto.

Esta noche, sin embargo,
soñé que el muerto eras tú
y me he puesto triste.

No se me permitiría ir a tu entierro.
No podría presentarme
como la perra loca que les contaste que soy
(a no ser que habilitaran una fila
para todas las perras locas que escondiste),
ni aparecer siquiera
para enterrar mis libros con tus restos.

No tendría sentido
transmitirle a tu familia que lo siento
y cómo, cuánto;
Que siento que ya no estés,
como sentí cuando estabas
que no te portaras bien conmigo.

Me pregunto,
de haber sabido que ibas a morir,
si me habrías dicho algo
y qué habría sido.
Quizá eligieras el silencio,
como siempre,
es más tu estilo.

Te has muerto y te has callado,
cobarde,
y eso no es del todo justo.

¿Y a mí quién va a consolarme?
¿Quién me va a ofrecer sus condolencias?
¿Quién entenderá el dolor de quien no es nadie? 

Te he matado en mi cabeza
y no me queda más remedio 
que velarte sola, en esta cama
que una vez te vio dormido,
casi muerto.

Recuerdo haber pasado una hora larga
contemplando tu perfil,
nariz y labios.
Recuerdo haber pensado
“cuando se le caiga el pelo será distinto,
pero no puede ser más perfecto,
justo ahora”.

Justo entonces,
ya ves,
cuando estabas casi muerto,
cuando mejor me trataste porque dormías
y me buscabas sin querer,
seguramente confundiéndome con otra…
Pero eso ya a quién le importa,
si estás muerto.

Creo que aunque te murieras
mi poesía maldita seguiría esperando algún “lo siento”
desde el infierno en que estés
(calentándome el sitio, espero. Sería un detalle…).

Algún mensaje extra-humano
que me confiese que sabes
que debiste quererme de otra manera,
y que ahora, ya muerto, entiendes
que ni soy una perra ni estoy loca.

¿Quién entenderá que llore? ¿¿Quién??
Si me harté de repetir
que no te quiero en mi vida.
Aunque muerto menos.

Y tú vas y te me mueres,
por fastidiar, está claro.
No debiera sorprenderme.
Seguro que has muerto adrede
para seguir quedando por encima,
aun debajo de la tierra.

Y tú,
que siempre te serviste de cualquier excusa fácil
antes de dar la cara,
te mueres y celebras orgulloso
(orgulloso y muerto)
este mortal jaque-mate que no esperaba.

Y yo,
que estoy acostumbrada a las migajas,
me consuelo pensando
que antes de morirte tú, te maté yo.

Tonta de mí,
que te lloraré dos veces
si no me muero yo antes.

Tontos los dos,
que hasta por morir primero competimos,
aunque no nos importemos ni un poquito.

Te he matado en mi cabeza
pero ya te resucito,
que te quiero lejos,
pero vivo,
aunque no te quiera nada en absoluto.

(Fotografía de J.H. Andersen )

sábado, 28 de abril de 2012

Ser o no ser, ésa es la paranoia

Ésta pieza se la dedico a mi querido Wasabi, 
y a la sonrisa que va a poner cuando la lea, 
y a su "¡bravo!"
Y un poco también a quien estará de acuerdo,
en la distancia.


Mi cuerpo es
una versión beta rara
de mí misma:
Para probarla
te descargas tú.

Soy un experimento
en fase de medicación,
un lanzamiento
en fase de cohete.

Soy una prueba en contrato laboral,
becaria voluntariosa de esta vida explotadora.

Soy, soy, soy, soy,
soy, soy, soy…
Siempre “yo soy…”

Me he convertido en polvo antes de tiempo.

Soy lo que tú esperabas encontrar
casi al final,
pero me adelanté sin saberlo
y no me reconociste
(me confundieron tus ojos
con el resto).

¡Ay! Ser tanto es muy cansado,
y ser tan mía, aburrido.
Me gustaría ser menos,
o más tuya.
Cambiar este “soy” por “somos”
y compartirme contigo
y ser más, juntos.

Probar juntos a no ser.
¿Se darían cuenta?
¿Lo notarían
si no fuéramos un día?

¡Al diablo ya con tanta tontería!
Hamlet y su calavera,
y la poesía.
Sí, la poesía también.
¿Y por qué no?
¡Al diablo Shakespeare!

¿Ser? ¿Quién dice lo que es?
Si hablamos de que parece
nos acercamos.
Y si decimos que cambia,
estamos de acuerdo.

Ahora me planto.
Se me antoja ahora no ser,
mira por dónde.

(Diantres, no sé no ser,
maldita sea…)

¡Que me da igual lo que soy!
¡Que no me importa!
¡Que ya no quiero ser más!
¡Que ser esto nada vale
si soy sola!



No me hagáis caso.
Viva Shakespeare.
Y la poesía también,
y sobre todo.

Dejaré de conjugar
(al diablo la verborrea).
Ya no lo pensaré más.

Lo que haya de ser,
que sea.

viernes, 27 de abril de 2012

A cada cual


No siempre os recuerdo con tristeza.
Casi nunca o nunca, mejor dicho.
Más bien con melancolía o con nostalgia,
a cada cual por lo suyo.

Y si no todos, sí la mayoría
me seguís sacando una sonrisa pícara,
cómplice, burlona,
como el que saborea los recuerdos

igual que el rico festín
que se regaló un buen día.

Nunca os odié. No. A ninguno.
Porque odiar es amar mal,
amar de más;
Sigue siendo un gran esfuerzo emocional
contrario a la indiferencia.

Odiar es no vivir limpio,
continuar enfadado por no haber dado aún
con la razón;
Es engañarse,
no perdonarnos a nosotros mismos,
no permitirnos sanar.

No,
yo nunca os he recordado con tristeza.
Más bien con melancolía o con nostalgia,
a cada cual por lo suyo.

Y si no todos, sí la mayoría
aún erizáis mi piel si un día os pienso,
como se eriza en plena primavera
con tan sólo imaginar un frío invierno.

Rara vez me arrepiento de haber amado.
Casi nunca o nunca, mejor dicho
(os dí lo que quise daros, porque así decidí hacerlo)
como no os guardo rencor ni me arrepiento tampoco
de despediros,
a cada cual por lo suyo.

Independientemente ya, de las razones,
o de las culpas
o el mismo destino.

Yo no le dejo espacio a los rencores.
Prefiero sonrisas pícaras
y el erizar de las pieles,
los recuerdos.

Me gusta más pensar que os elegí
y que también me elegisteis.
Agradeceros,
a cada cual por lo suyo,
la ocasión.


jueves, 26 de abril de 2012

Una nueva última vez


Intentas aparecerte.

Te estoy viendo venir,
aunque te escondas.

No llamarás a la puerta
que se quedó con tu espalda.
No lo harás.
Pero lo piensas.

Te sueñas conmigo enfrente
los dos callados,
esperando a que el primero sonría
y después sonría el otro,
como siempre.

Imaginas cómo se nos cae la ropa
de repente
y que por última vez
tratamos de solventar
como lo hicimos
todas las últimas veces anteriores.

Y sabes, como sé,
que otra vez terminaremos fracasando.

Fracasaremos adrede
dejando el espacio justo
para intentar solventar
una nueva última vez
lo que sabes (lo que sé)
que nunca solventaremos.

Intentas aparecerte.

Me haces llegar las notas
que empujan los recuerdos,
porque te llama la nostalgia
de nuestro país extraño
del revés,
donde nunca valieron las palabras
más que los sentidos;
donde los sentidos valen
solamente lo que duran.

Imaginas y sonríes
(tú solo, por el momento,
porque yo no estoy enfrente).

Y yo no quiero tenerte
ni de frente ni en mi vida.
Ni delante de mi puerta.

Ni quiero que me sonrías
porque  sólo quedaría,
una nueva última vez,
sonreírte yo después
y desnudarme.